Primer periodo presidencial de Porfirio Díaz

 Primer periodo presidencial de Porfirio Díaz.

  Porfirio Díaz se hizo cargo del Poder Ejecutivo en mayo de 1877, después de triunfar en las elecciones a las que había convocado Juan N. Méndez como presidente interino.

. En esta primera gestión administrativa, Díaz procuró apegarse a las normas legales y al principio de no reelección que lo había llevado al poder y que fue incluido en la Constitución, en el artículo 78: “El presidente entrará a ejercer su encargo el 1 de diciembre y durará en él cuatro años, no pudiendo ser reelecto nuevamente hasta que haya pasado igual periodo, después de haber cesado en sus funciones”

General Porfirio Diaz
General Porfirio Díaz
Al inicio de este primer gobierno el general Díaz empezó a dar muestras de su habilidad como estratega político. Entre los miembros de su gabinete destacaba Justo Benítez, hábil político defensor del liberalismo republicano, quien se valió de su amistad con Porfirio Díaz para dominar el escenario político, con la intención de preparar su camino al poder. Pero Díaz manejó hábilmente un doble juego; mantuvo una abierta autonomía del Congreso, mientras dejaba que Benítez y su grupo se hicieran de enemigos políticos por discusiones acaloradas que les restaran popularidad. Así, la figura del presidente crecía, a la vez que iba atrayendo a su lado a las personas que antes lo habían combatido.

Cuando Porfirio Díaz llegó al poder, la situación del país no podía considerarse estable; todavía existían las marcadas rivalidades políticas que habían perturbado la paz durante la República Restaurada, y a ellas se habían sumado las facciones lerdistas e iglesistas contra las que había luchado la revolución de Tuxtepec. Había además una rivalidad entre los liberales de la etapa anterior y los jóvenes de ideas nuevas que deseaban desplazarlos. 

La unión de aquellos elementos desiguales era imprescindible para Díaz a fin de alcanzar la estabilidad política del país, condición necesaria para llevar a cabo la reforma económica, planeada pero no lograda por los gobiernos de Juárez y de Lerdo de Tejada.

el país padecía continuos ataques de bandoleros que asolaban los caminos; pronunciamientos contra gobiernos locales; rebeliones campesinas; ataques de indios apaches provenientes de Estados Unidos que causaban graves perjuicios a las poblaciones norteñas, y levantamientos indígenas, sobre todo de yaquis y mayos.

Díaz adoptó medidas represivas y tomó la decisión de no dar de baja a los soldados que participaron en la revolución de Tuxtepec, con el propósito de emplearlos para guardar el orden. 

Los guerrilleros que habían luchado a favor del liberalismo y la República fueron agrupados en cuerpos de policía rural, encargados de someter a los bandoleros y vigilar la seguridad de los caminos; se trataba de los temidos guardias rurales, que también se utilizaron para combatir las rebeliones indígenas. 

La pacificación se fue logrando aunque en muchos casos las medidas fueron extremas, pues las tropas abusaron de su fuerza. La paz porfiriana iba haciéndose sentir. 

Benito Jaurez, Porfirio Díaz y Sebastian Lerdo de Tejada
De aquella campaña de pacificación sobresale una anécdota: las palabras supuestamente expresadas por Díaz en un telegrama enviado como respuesta a la pregunta del gobernador de Veracruz, Luis Mier y Terán, sobre lo que debía hacer con nueve comerciantes acusados de conspirar en favor de Lerdo. La respuesta de Díaz sería: “Mátalos en caliente”.

Para conjurar el peligro que representaban los caciques Díaz puso en práctica la amificación. Las ambiciones personales de esos caciques fueron utilizadas en beneficio del gobierno central, pues mientras éste aceptaba la autonomía de los estados, obtenía la fidelidad de los gobernadorescaciques al permitirles que satisficieran sus ambiciones de riqueza y poder político.


 

Delgado de Cantú, G. M. (2015). Historia de México. Ciudad de Mexico: Pearson eDuCaCión, .

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