Periodo 1900-1904

Periodo 1900-1904 

Al comenzar Porfirio Díaz su sexto periodo de gobierno, crecía la preocupación de

la opinión pública ante el carácter personalista del presidente y su resistencia a pre-
parar un sucesor. Por ello, Díaz continuó con la estrategia de manifestar su apoyo a

Limantour, pero dejando abierta la oportunidad a Bernardo Reyes, a quien nombró

secretario de Guerra. De esta manera acallaba las preocupaciones sobre la suce-
sión presidencial y aparentaba preparar a su heredero, mientras la competencia

entre los dos favoritos se volvió lucha abierta por eliminarse uno al otro.

Bernardo Reyes fue tan eficiente en la Secretaría de Guerra como Liman-
tour en Hacienda. Las medidas que aplicó en el ejército lo fortalecieron política-
mente, al grado de que su popularidad alarmó al presidente e intranquilizó al

primer favorito. Pero Díaz logró aprovechar la rivalidad entre Limantour y Reyes;

a finales de 1902 comunicó al Partido Nacional Porfirista su decisión de no presen-
tarse a las elecciones de 1904, y de favorecer la candidatura de José I. Limantour

a la presidencia. Agregaba que en caso de levantarse una “ola de agitación” contra

Limantour, se vería obligado a reconsiderar su retiro de la presidencia. Los porfi-
ristas interpretaron las palabras de Díaz como éste quería, y se dedicaron a provocar la “ola de

agitación” contra la candidatura del ministro de Hacienda.
El principal argumento manejado a través de la prensa fue el origen francés de Limantour,
pero uno de los periódicos —cuyos editores eran amigos de Rodolfo Reyes, hijo del secretario de
Guerra— llevó más lejos sus críticas y acusó de corrupción al ministro de Hacienda.
Con esta acusación, la ruptura entre reyistas y limantouristas fue definitiva.
Los científicos presionaron a Limantour para que denunciara al general Reyes
como director de la campaña de desprestigio en su contra, y presentaron ante Díaz
el artículo original de Rodolfo Reyes, con notas al margen escritas por el padre
de éste. Ante esa prueba, el presidente pidió al general su renuncia al Ministerio de
Guerra, aunque lo restituyó en su cargo como gobernador de Nuevo León.
Bernardo Reyes había sido eliminado de la contienda, pero la “ola de agitación”

tuvo efectos contra Limantour y el grupo de los científicos. El dictador también que-
daba desprestigiado frente a la opinión pública, que lo consideró cómplice de la

corrupción administrativa en Hacienda, mientras que, de paso, quedaba compro-
bado una vez más que Díaz aniquilaría a toda persona que se propusiera sucederlo.

Preparativos para la sexta reelección

Ante la falta de un sucesor de Díaz, los grupos porfiristas se dispusieron a preparar una nueva
reelección en 1904. El antagonismo político se daba no solamente entre los grupos surgidos de la
contienda entre Reyes y Limantour, sino entre los más cercanos al presidente. Esos grupos eran
el Círculo de Amigos del General Díaz por una parte, y los miembros de la Convención Nacional

Capítulo 5 n El régimen de Porfirio Díaz (1876-1910) 

Liberal por otra. Este último era manejado por los científicos, quienes se apresura-
ron a ganar terreno proponiendo a Díaz dos innovaciones para el nuevo periodo

presidencial: la creación de la vicepresidencia y la prolongación del periodo presi-
dencial a seis años.

Respecto a la creación de la vicepresidencia, aunque Díaz se había opuesto a
ella en el pasado, la aceptaba convencido de la necesidad de institucionalizar la
sucesión, y porque obtenía a cambio la prolongación de su mandato, lo que para los
científicos representaba, en cambio, la probabilidad de que Díaz muriese antes de
concluirlo. Además tendrían una ganancia extra en caso de que el elegido para la
vicepresidencia fuera Ramón Corral, a quien podrían manipular fácilmente.
Al iniciarse la Convención Nacional Liberal fue designado Francisco Bulnes, un

destacado científico, para presentar la nueva candidatura de Porfirio Díaz. Los pro-
pósitos aparentes del discurso de Bulnes eran justificar la sexta reelección, pero

en el fondo llevaba la intención de urgir al dictador, y a todo el país, a resolver
el problema de la sucesión en 1910 cuando concluyera el siguiente periodo
presidencial, que debía ser el último para Díaz.
Las críticas de Bulnes fueron severas; proponía la reelección, a pesar de

que era “muy difícil sostener una sexta reelección ante un criterio institucio-
nal democrático”; expresaba que era aterrador el argumento de que el man-
tenimiento del general Díaz en el poder era esencial para la preservación de

la paz, del crédito y del progreso material, lo cual significaba, dijo Bulnes,
“anunciar al mundo que, después del general Díaz, caeremos en el insondable
abismo de donde hemos salido, y entonces, ¿cómo esperar que los banqueros
extranjeros nos concedan crédito cuando el límite de nuestra civilización es
el límite de la existencia del general Díaz?”.
Al terminar su discurso, Bulnes concluía que la reelección debía servir
“para que el general Díaz complete su obra y cumpla con un sagrado deber,
organizando nuestras instituciones con el objeto de que la sociedad, en
lo sucesivo y para siempre, dependa de sus leyes y no de sus hombres”.3


Delgado de Cantú, G. M. (2015). Periodo 1900-1904. En G. M. Delgado de Cantú, Historia de México, Legado histórico y pasado reciente (págs. 158-159). Ciudad de México: Pearson Educación.

Comentarios