La etapa porfirista representa, en lo político, la era de un dictador decidido a imponer el orden y a mantenerse en el poder con el propósito de llevar al país al progreso económico. Su lema “poca política y mucha administración” significó en la práctica hacer a un lado la legalidad, desdeñando el principio de no reelección que él mismo había institucionalizado al comienzo de su larga permanencia a cargo del Poder Ejecutivo.
En el aspecto económico, incorporó a nuestro país al sistema capitalista en el marco de la dependencia imperialista, y dio comienzo a la industrialización, tan ansiada por los gobiernos mexicanos que le precedieron. En el ámbito social, la era porfirista presenta agudos contrastes. Por un lado, el surgimiento de una clase media nacional, la cual se desarrolla al margen de los beneficios que obtenía el capitalista extranjero, y del enriquecimiento de un pequeño grupo de mexicanos privilegiados del régimen, los llamados científicos, paladines del crecimiento económico que sustentó el General.
la clase trabajadora, campesina en su mayoría, la cual fue despojada de su propiedad agraria y obligada a trabajar en las haciendas en condiciones de servidumbre, mientras el sector obrero, que creció con la industrialización, no gozaba de mejores condiciones de trabajo en las fábricas y minas.
Delgado de Cantú, G. M. (2015). Historia de México. Ciudad de Mexico: Pearson eDuCaCión, .
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